Diabetes mellitus: Retos en la identificación y clasificación
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Profesional: Dra. Marcela Madrigal Garbanzo, Nutricionista educadora en Diabetes
Docente e Investigadora, Escuela de Nutrición, Universidad de Costa Rica. Licenciada en Nutrición y Magíster en Enfermedades Crónicas no Transmisibles, Universidad de Costa Rica. Educadora en Diabetes.
La Diabetes Mellitus (DM) es reconocida como una enfermedad crónica y compleja (Asociación Americana de Diabetes, 2025), que se caracteriza por la presencia de niveles elevados de glucosa en sangre. En el mundo existen alrededor de 537 millones de personas con esta enfermedad (International Diabetes Federation [IDF], 2021). Por otro lado, en Costa Rica, su incidencia se ha visto reflejada en un aumento constante en las últimas décadas, según los datos de la Dirección de Vigilancia de la Salud, en el 2021 se registraron aproximadamente 9000 casos de diabetes.
De manera convencional, la DM se clasifica en varias categorías clínicas, aunque esta clasificación está siendo reconsiderada tomando en cuenta las características genéticas, metabolómicas y otras relacionadas con la fisiopatología. Los tipos de diabetes más frecuentes en el mudo incluyen: Diabetes mellitus 1, 2 y Diabetes gestacional.
La diabetes 1 y 2 son enfermedades heterogéneas, dónde los síntomas clínicos y progresión pueden variar considerablemente. Cabe destacar que, aunque la clasificación es importante para determinar y personalizar la terapia, en algunos casos no puede ser clasificada claramente al momento del diagnóstico. Esto hace que los errores de diagnóstico sean comunes.
Por ejemplo, es usual que en niños(as) con diabetes 1 se presenten síntomas característicos como poliuria, polidipsia, polifagia y cerca de la mitad de los casos presentan cetoacidosis diabética (CAD); mientras que, en adultos, el inicio puede ser más variable y no presentar los síntomas clásicos, además de progresar más lentamente hacia la necesidad de insulina. No obstante, se han documentado casos de personas con diabetes 2 que presenta CAD, especialmente algunos grupos raciales o étnicos, esta forma de diabetes está asociada a genética heredada y no necesariamente a los antígenos leucocitarios humanos, además de que las necesidades de insulina suelen ser variables en el tiempo, lo cual podría confundir un poco la clasificación en el tipo de diabetes (ADA, 2025).
Otros tipos de diabetes poco comunes pero que se han agregado a la lista incluyen la diabetes pancreática y la tan discutida diabetes 5. La diabetes pancreática (o tipo 3c) se caracteriza por la pérdida estructural y funcional de la secreción de insulina asociada a pancreatitis (por inflamación aguda o fibrosis), traumas, neoplasias o trastornos genéticos raros, este tipo de diabetes suele diagnosticarse erróneamente como tipo 2, afectando así el control de la enfermedad (González,2022).
En estos casos los consensos recomiendan descartar este tipo de diabetes a través de pruebas como imágenes patológicas y ausencia de inmunidad asociada a diabetes 1 (González,2022).
En personas con pancreatitis y diabetes, es necesario intensificar el tratamiento si no se alcanzan las metas de hemoglobina glicosilada. Las terapias con incretinas deben evitarse debido a su asociación con el aumento de riesgo de pancreatitis y en algunos casos es necesario iniciar la terapia con insulina de manera temprana con el objetivo de alcanzar las metas glucémicas (ADA, 2025)
Finalmente, la diabetes 5 no es clasificación reconocida por la Asociación Americana de Diabetes. Al contrario este término ha sido acuñado por la Federación Internacional de Diabetes (FID) en el 2025 para describir la diabetes relacionada con la desnutrición. Según los estudios, la presencia de desnutrición severa en personas durante la infancia podría caracterizarse por el daño en el desarrollo del páncreas y una deficiencia en la producción de insulina (Selim, 2025).
Este tipo de diabetes no está asociado con la resistencia a la insulina, sino con una deficiencia de ésta y se observa principalmente en personas que han sufrido desnutrición grave, más frecuentemente en un contexto de pobreza prolongada (Selim, 2025).
Indiferentemente del tipo de diabetes al cual se enfrenta el profesional en salud, es necesario adaptar el tratamiento a la variabilidad fenotípica y etiológica de cada individuo, optimizando el acceso oportuno a la atención en salud y desarrollando estrategias multifactoriales cuyo objetivo sea prevenir complicaciones, viendo más allá del control glicémico.
Específicamente, la intervención nutricional para personas que viven con diabetes se centra en el consumo de alimentos, debido a su asociación directa en el desarrollo y progresión de sus complicaciones. En ese sentido, varias investigaciones destacan que una dieta rica en fibra, baja en azúcares simples y baja en alimentos procesados puede mejorar el pronóstico clínico de la persona con diabetes (Bañuelos et al, 2025).
Por el contrario, un alto contenido de sodio, carnes procesadas y bebidas azucaradas, así como un bajo consumo de frutos secos y semillas, alimentos fuentes de ácidos grasos omega-3 en mariscos, frutas y vegetales, se asocia con un aumento en la mortalidad de personas con diabetes (Micha, 2017).
El conteo de carbohidratos sigue siendo la estrategia dietética por excelencia en el control glucémico de la persona con diabetes, no obstante, no debe desprenderse de la calidad general de la dieta, un enfoque nutricional glucocentrista podría potenciar el consumo de dietas pobres en micronutrientes, pero con una respuesta glicémica dentro de meta, dejando de lado la prevención de otras complicaciones como la enfermedad cardiovascular.
En síntesis, la intervención nutricional podría mejorar el control en las alteraciones cardio metabólicas de la diabetes; el control glicémico, la reducción de la hemoglobina glucosilada en un 1,0 a 2,0 %, mejor control de la presión arterial y lípidos en sangre se han asociado con reducción de la morbimortalidad. Ante esto, la Asociación Americana de Diabetes recomienda que para que las intervenciones nutricionales tengan un impacto favorable deben centrarse en la modificación de los hábitos alimentarios (ADA, 2025), por lo que el conocimiento y análisis del consumo se vuelve un eje central de la intervención nutricional.
Bibliografía
- American Diabetes Association. (2025). Standards of Care 2024. 47. http://www.diabetesjournals.org/CARE
- Bañuelos Fonseca, M., Gallardo Vidal, L., Pineda Mújica, I., Rodríguez Méndez, A., Reyes Chávez, P., Quintero Valdez B. (2025). Prácticas alimentarias en la diabetes tipo 2: construcción, validez y confiabilidad de una escala. Nutrición Hospitalaria, 42(1), 57-66. https://dx.doi.org/10.20960/nh.05147
- Caja Costarricense del Seguro Social. (2021). Vigilancia de los factores de riesgo cardiovascular, tercera encuesta 2018. https://www.binasss.sa.cr/cardiovascular2018.pdf
- González, C. (2022). Diabetes tipo 3C ¿Qué engloba y cómo tratarla? Endocrinología y Nutrición. https://www.revistadiabetes.org/tratamiento/diabetes-tipo-3c-que-engloba-y-como-tratarla/
- International Diabetes Federation. (2021). IDF Diabetes Atlas. 10. https://diabetesatlas.org/
- Jerez, C. I., Medina, Y. A., Ortiz, A. S., González, S. I., & Aguirre, M. C. (2022). Fisiopatología y alteraciones clínicas de la diabetes mellitus tipo 2: Revisión de literatura. Nova, 20(38), 65–103. https://doi.org/10.22490/24629448.6184
- Micha R, Peñalvo JL, Cudhea F, Imamura F, Rehm CD, Mozaffarian D. (2017). Association Between Dietary Factors and Mortality From Heart Disease, Stroke, and Type 2 Diabetes in the United States. JAMA. 317(9):912–924. https://doi:10.1001/jama.2017.0947
- Selim, S. (2025). Type 5 Diabetes Mellitus: Global Recognition of a Previously Overlooked Subtype. Bangladesh Journal of Endocrinology and Metabolism. 4(1):59-60. DOI:10.4103/bjem.bjem_13_25