Estrategias o buenas prácticas para apoyar la salud ósea-muscular en la infancia

Dra. Heidy Acosta Lazo, Pediatra

Profesional: Dra. Heidy Acosta Lazo, Pediatra

Dra. Heidy Acosta Lazo – Médico Especialista en Pediatría Hospital San Vicente Paúl, Posgrado en Pediatría de la Universidad de Costa Rica – Hospital Nacional de Niños, Licenciatura en Medicina y Cirugía de la Universidad de Costa Rica  

Mantener un sistema músculo esquelético saludable es un determinante importante de la calidad de vida a largo plazo. La evidencia indica que los factores prenatales (dieta materna durante el embarazo y defectos genéticos) y factores postnatales (actividad física, balance hormonal, ingesta proteica y obesidad) influyen en la adquisición de masa muscular y fuerza en las primeras etapas de la vida. (Orsso, 2019). El músculo es conocido por su papel en la locomoción, postura corporal y respiración, pero también tiene un papel esencial en el metabolismo de proteínas y lípidos, así como en la homeostasis de la glucosa y la energía. (Brotto, 2015) Una ganancia muscular inadecuada está asociada a un crecimiento óseo inadecuado. Además, la ganancia muscular está asociada a un mejor neurodesarrollo en los primeros años de vida  (Orsso, 2019). 

Factores no modificables como los genéticos, afectan el desarrollo esquelético entre un 60-80% aproximadamente (Faienza, 2023). Los factores modificables incluyen la ingesta de calcio, vitamina D, proteína, sodio y bebidas carbonatadas; también el ejercicio, el estilo de vida y un peso saludable (Golden, 2014). La dieta y el ejercicio afectan entre el 20% al 40% la masa ósea máxima en la edad adulta, por lo que la implementación de ejercicio en la niñez tiene efectos a largo plazo en la salud.  La ingesta de calcio y vitamina D, asociado a una actividad física adecuada, maximiza la ganancia de masa ósea y reduce el riesgo de fracturas, tanto en la infancia como en la adultez (Faienza, 2023). 

Aproximadamente 99% del calcio corporal total se encuentra en el esqueleto y para la absorción activa del calcio es necesaria la vitamina D. El consumo de lácteos está asociado a un mayor contenido mineral óseo y un riesgo reducido de fracturas (Golden, 2014). La ingesta de calcio recomendada en la infancia varía de 400 a 1150 mg/día dependiendo de la edad (Faienza, 2023). En el primer año de vida la principal fuente de calcio es la lactancia materna, posterior a este primer año la principal fuente de calcio proviene de la leche y sus derivados, 240 mL de leche brindan aproximadamente 300 mg de calcio (Golden, 2014). Actualmente, muchos niños tienen una dieta calciopénica porque el consumo de leche se ha minimizado o eliminado por completo a una edad temprana y no se obtiene la cantidad necesaria por la dieta, ya que alimentos como vegetales verdes, legumbres, nueces y granos tienen calcio pero su absorción es menor en comparación con los lácteos. En caso de no tener una dieta con lácteos se debe buscar la suplementación (Minkowitz, 2024). 

La vitamina D favorece la absorción de calcio en el intestino y su internalización en los huesos. La deficiencia se asocia a un riesgo aumentado de fracturas, ya que solamente de un 10% – 15% del calcio se logra absorber con niveles inadecuados de vitamina D (Minkowitz, 2024). Se obtiene de la exposición solar, pescados grasos y aquellos alimentos fortificados como la leche, yogurts, quesos y cereales. En menores de un año la ingesta diaria debe ser de 10 mcg/día y en mayores de un año de 15 mcg/día. La Academia Americana de Pediatría respalda la suplementación con vitamina D para evitar la fragilidad ósea asociada a la deficiencia de esta (Golden, 2014). Sin embargo, no hay un consenso uniforme en cuanto a la suplementación de vitamina D o los niveles séricos óptimos. Las guías actuales establecen requerimientos con base en la edad, sin embargo también requiere de valoración del índice de masa corporal por tratarse de una vitamina lipofílica. De momento no se recomienda valorar la vitamina D de rutina, no obstante; ante la alta prevalencia de aproximadamente un 70% asociado a deficiencia o insuficiencia de vitamina D, se puede valorar la necesidad de realizar niveles séricos. Los niveles adecuados de vitamina D son escenciales para minimizar la severidad de fracturas, maximizar la reparación muscular, fuerza y optimizar la formación osea (Minkowitz, 2024). 

La salud ósea y muscular no sólo requiere de una ingesta adecuada de calcio y vitamina D, si no también de vitamina C y K así como de actividad física, ya que el sedentarismo decrementa la masa muscular y la masa ósea. La cantidad de cada una de estos componentes cambia con base en los requerimientos del niño con el crecimiento (Minkowitz, 2024). 

Los antecedentes de osteoporosis se establecen en la infancia y la adolescencia, por lo que es importante optimizar la salud esquelética en este grupo etario. La masa ósea obtenida a edad temprana se considera el factor modificable más importante para la salud esquelética de por vida. En los dos primeros años de vida durante en el pico de velocidad máxima de crecimiento se adquiere el 25% de la masa ósea. Aproximadamente del 40% al 60% de la masa ósea adulta se acumula durante la adolescencia, para los 18 años aproximadamente un 90% de la masa ósea total se ha acumulado. El esqueleto es un órgano dinámico y en constante remodelación, en niños se estima que este remodelamiento es de un 50% por año (Golden, 2014). 

En conclusión, las primeras dos décadas de la vida representan ventanas críticas para establecer músculos esqueléticos sanos, la interrupción durante estos periodos debido a una nutrición subóptima puede resultar en déficit de masa muscular que puede persistir más adelante en la vida, por lo que es crucial alcanzar una cantidad y calidad muscular normal durante la infancia para respaldar una actividad física y composición corporal óptimas para un futuro saludable (Davis, 2009). 

 

Referencias bibliográficas 

  1. Orsso, C.E. et al. (2019). Low muscle mass and strength in pediatrics patients: Why should we care?. Clinical Nutrition 38; 2002-2015. 
  2. Brotto et al. (2015). Bone and muscle: Interactions beyond mechanical. Bone 80:109-114 
  3. Golden, N.H. (2014). Optimizing Bone Health in Children and adolescents. Pediatrics 134 (4): e1229-e1243.  
  4. Davis, T.A. et al. (2009). Regulation of muscle growth in neonates. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 12(1):78-85 
  5. Faienza, M.F. et al. (2023). Musculoskeletal health in children and adolescents. Front Pediatr. Vol 11:1226524 
  6. Minkowitz, B. et al. (2024). Effective counseling for children’s bone health. Journal of POSNA, Vol 7, 100032