Manejo de la diarrea

Dra. Daniela Calore - Nutricionista
Manejo de la diarrea

Manejo de la diarrea 

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define diarrea como la deposición de tres o más veces al día (o con una frecuencia mayor que la normal para la persona) de heces sueltas o líquidas. Las diarreas son la segunda mayor causa de muerte en niños menores de cinco años y son prevenibles y tratables (6). 

Se ha estudiado que las principales causas de diarrea son: virus, enfermedades inflamatorias intestinales (como colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn), procesos infecciosos que se pueden adquirir por intoxicación alimentaria, ansiedad, estrés o como efecto secundario del uso de medicamentos (1). 

Además, han sido descritos dos tipos de diarrea: aguda y crónica o persistente. La primera se define como un aumento de la emisión de heces (≥ 3 en 24 h) y/o una disminución en su consistencia (heces blandas o líquidas). La diarrea aguda, en general, dura entre 7 a 14 días y su diagnóstico se presenta con deposiciones de consistencia disminuida, náuseas, vómitos, fiebre y dolor abdominal (8). El hallazgo de sangre, moco o pus en las deposiciones sugeriría la presencia de gérmenes entero invasores. La diarrea crónica, por su parte, consiste en un cuadro de más de 4 semanas de duración, con disminución de la consistencia de las heces, asociado a urgencia o malestar abdominal (3). 

En general, las pérdidas hidroelectrolíticas que se producen durante la diarrea pueden determinar distintos grados de deshidratación y se ha visto que las dietas restringidas no son siempre la mejor alternativa pues la malnutrición asociada podría limitar el proceso de recuperación.  

En diferentes estudios, el manejo de la diarrea aguda se ha apoyado de manera significativa en el uso de probióticos y la óptima hidratación (6)(10).  

Sobre los probióticos, una cepa sobre la que se han documentado beneficios es el L. casei, al que se le ha demostrado un efecto en la prevención y tratamiento de las enfermedades gastrointestinales, disminución de la duración de la diarrea, mejora en la digestión y la tolerancia a la lactosa (5)(7).  

Se ha visto que entre más rápido se administren los probióticos, mayores podrán ser los beneficios a nivel gastrointestinal; en este sentido, un estudio evidenció ante el uso del probiótico L. casei, la reducción de casi 25 horas en la duración de la diarrea y de la cantidad de deposiciones al segundo día del tratamiento (3). 

Por otra parte, la deshidratación, que ocurre como consecuencia de la pérdida de líquido corporal; usualmente se puede evaluar haciendo uso de la escala clínica de Friedman. Así, la determinación del nivel de deshidratación permitirá definir la reposición de líquidos necesaria para retomar el equilibrio líquido y de electrolitos como el potasio, sodio y cloruro (2) (9). 

Desde la perspectiva del abordaje nutricional, se suele aconsejar limitar el consumo de lactosa, alcohol, cafeína, sorbitol y gluten, así como fomentar el consumo de fuentes de zinc ya que la evidencia ha respaldado que su ingesta en cantidad suficiente puede contribuir en la protección de la mucosa intestinal y estimulación de la función inmune, con lo que podría reducir la duración de los episodios de diarrea aguda de 6 a 12 h y de diarrea crónica de 7 a 15 h (2) 

Otro de los abordajes nutricionales que la literatura ha asociado con apoyo al manejo de los síntomas, es el preferir una dieta baja en FODMAP (por sus siglas en inglés: Oligosacáridos, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles Fermentables) para apoyar el manejo de los síntomas. Al limitar su ingesta se busca no exponer al intestino a carbohidratos que puedan ser mal absorbidos, pues si se procesan de forma incompleta, podrán absorber agua y fermentarse en el colon causando mayor sintomatología como gases e hinchazón (3) 

Si bien existen clasificaciones amplias del contenido de FODMAP en los alimentos, a modo de ejemplo es bueno mencionar que ajo, cebolla, frijoles, repollo, hongos, brócoli y uvas, entre otros alimentos de consumo frecuente, son altos en FODMAP por lo que siempre será positivo acompañarse de un profesional en salud para abordar de la mejor manera al paciente que requiera limitar su ingesta, esto debido también, a que la dieta FODMAP no pretende ser sostenida por largos períodos, el objetivo según el criterio profesional será reintroducir los alimentos poco a poco verificando que no haya síntomas adversos (3)(4).  

Bibliografía 

  1. Angos Musgo, R. Diarrea. Clinica Universidad de Navarra.  2023 https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/diarrea 
  2. Bejarano Arosemena, N. (2022). Efecto protector del suplemento de zinc en la presentación de diarreas agudas en menores de 5 años atendidos establecimiento de Salud Consuelo Velasco, Piura-2020. 
  3. Chu, C., Rotondo-Trivette, S., & Michail, S. (2020). Chronic diarrhea. Current problems in pediatric and adolescent health care, 50(8), 100841. https://doi.org/10.1016/j.cppeds.2020.100841 
  4. Ibarra, A. A. M., & Verdugo, Y. (2021). Síndrome del intestino irritable: una revisión narrativa. Revista de Nutrición Clínica y Metabolismo, 4(4). 
  5. Machado, K. (2020). Uso de probióticos en el tratamiento y la prevención de diarrea aguda en niños. Archivos de Pediatría del Uruguay, 91(1), 35-45. 
  6. OMS, Enfermedades Diarreicas, 2 de mayo del 2017. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/diarrhoeal-disease 
  7. Paul, A. K., Paul, A., Jahan, R., Jannat, K., Bondhon, T. A., Hasan, A., … & Rahmatullah, M. (2021). Probiotics and amelioration of rheumatoid arthritis: Significant roles of Lactobacillus casei and Lactobacillus acidophilus. Microorganisms, 9(5), 1070. 
  8. Porro, J. M. B., López, R. V., & Murillo, M. R. (2021). Diarrea aguda. In Tratamiento en Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (pp. 142-156). Ergon. 
  9. Quevedo Crespo, M. J. ., & Devia Solis, N. L. . (2022). DIARREA AGUDA, REHIDRATACION ORAL E INTRAVENOSA. Tesla Revista Científica, 9789(8788). https://doi.org/10.55204/trc.v9789i8788.49 
  10. Rybak, A., & Titomanlio, L. (2020). Diarrea aguda del niño. EMC-Pediatría, 55(1), 1-10.