Salud Cardiovascular hoy en día: desafíos y claves en la protección del corazón

Dr. Javier García Molestina. Cardiólogo

Profesional: Dr. Javier García Molestina. Cardiólogo

Dr. Javier García Molestina. Médico Residente de Cardiología. Posgrado de Cardiología Universidad de Costa Rica. Licenciatura en Medicina y Cirugía de la Universidad de Costa Rica.  

Mundialmente, en los últimos 30 años, se ha presentado un aumento en el número de muertes por causa cardiovascular. Pasando de 12.1 millones en 1990 a alrededor de 18.6 millones en el 2019. Si bien estas cifras podrían alarmar, se debe tener en consideración el aumento y envejecimiento de la población a lo largo del tiempo. Por ejemplo, al estandarizar por número de personas si se observa una disminución, con una reducción de 354.5 muertes por 100 mil personas en 1990, a 239.9 muertes por 100 mil personas en el 2019 (1).   

Aun así, la enfermedad cardiovascular (ECV) continúa siendo altamente prevalente y permanece como la principal causa de muerte a nivel mundial según informa la organización mundial de la salud (OMS), siendo los eventos cerebrovasculares e infartos del corazón los responsables del 85% de estas muertes (2). Costa Rica no es la excepción, ya que una de cada tres muertes se atribuye a causa cardiovascular, con cifras que rondan las 1900-2000 muertes por infarto entre los años 2021-2022 (3). 

Ante la problemática descrita, este artículo tiene como objetivo brindar puntos clave para el cuido de la salud cardiovascular y estrategias para disminuir el riesgo de presentar una enfermedad cardiovascular.  

  • Población en riesgo. 

Es importante primero definir cuál es la población que tendrá mayor posibilidad de presentar ECV. Se recomienda una evaluación cardiovascular completa en individuos que presenten factores de riesgo como lo son: el tabaquismo o vapeo, el sedentarismo, alimentación alta en azúcares y grasas saturadas, el consumo excesivo de alcohol y los portadores de enfermedades crónicas (hipertensión arterial, diabetes mellitus, enfermedad renal crónica, colesterol alto o dislipidemia, obesidad, enfermedades de la tiroides, enfermedades reumáticas, por mencionar algunas pocas). Así como también se deben considerar los factores de riesgo no modificables como la edad, el sexo y antecedentes heredofamiliares de ECV (4). 

En caso de no presentar factores de riesgo establecidos o ser aparentemente sanos, se recomienda una evaluación en hombres a partir de los 40 años y mujeres después de los 50 años o postmenopáusicas (5).   

  • Estudios iniciales y complementarios.  

Una vez establecida la población en riesgo, es importante definir qué estudios deben ser enviados para estimar su riesgo cardiovascular y posteriormente, definir la necesidad de cambios en estilo de vida y tratamiento médico. Toda valoración debe iniciar con una historia clínica para definir algunos de los riesgos ya mencionados; y un examen físico completo, incluyendo medición de presión arterial y frecuencia cardiaca. Además, se puede adicionar una valoración de la composición corporal la cual nos puede brindar más información que solo calcular el índice de masa corporal (IMC).  Posteriormente complementamos con estudios de laboratorio y de gabinete (5). 

Dentro de los estudios de laboratorio como mínimo se debe solicitar: un hemograma completo, pruebas de función renal, pruebas de función hepática, función tiroidea, medición de electrolitos, perfil de lípidos (niveles de colesterol), glicemia en ayunas, hemoglobina glicada y medición de proteínas en orina.  

En cuanto a estudios de gabinete, debe ser de rutina solicitar un electrocardiograma para la valoración de la función eléctrica del corazón (5). 

Con esta nueva información y basados en distintas escalas de riesgo disponibles, como lo son el SCORE2 o el estimador de riesgo de la enfermedad ateroesclerótica (ASCVD por sus siglas en inglés), se puede determinar el riesgo cardiovascular y la posibilidad de eventos cardiovasculares a 10 años para cada individuo (6). Esto definirá la necesidad de solicitar estudios más especializados y determinará también la necesidad de tratamiento médico.   

En caso de necesitar estudios especializados se dispone de: el ecocardiograma (ultrasonido del corazón), la prueba de esfuerzo, la tomografía axial computarizada cardiaca, el ultrasonido de arterias del cuello, la angiografía de las arterias del corazón, entre otros (7).  

  • Intervenciones. 

Se pueden dividir las intervenciones en dos grandes grupos: las modificaciones y cambios en estilo de vida (aplicables para toda la población) y las intervenciones farmacológicas (uso de medicamentos para patologías específicas).  

  • Cambios en estilo de vida. 

La actividad física y el ejercicio son recomendables para la población en general, independiente de la edad. Tanto la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) como la Asociación Americana del Corazón (AHA), recomiendan de 150 a 300 minutos de actividad física moderada o 75 a 150 minutos de actividad física vigorosa a la semana para reducir mortalidad cardiovascular (5,9,8). Al igual que también es recomendable disminuir el sedentarismo a favor de actividad al menos ligera (5). Un buen inicio es fomentar el realizar al menos de 8000 a 10 000 pasos por día.  

Las recomendaciones de dieta y nutrición beneficiarán tanto a las personas con factores de riesgo, como también a la población en general. En cuanto al consumo de grasas: se recomienda la disminución del consumo de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta energética total y se prefiere el consumo de grasas poliinsaturadas o monoinsaturadas; como se encuentran en el aceite de oliva, el aguacate, frutos secos y pescados con omega-3 (10).  En lo que se refiere al consumo de carbohidratos, se recomienda la disminución de azúcares refinados y evitar el uso de azúcar adicional en las bebidas.  Se prefiere el consumo de carbohidratos complejos, como los que se encuentran en las verduras harinosas. Se debe aconsejar también el consumo diario de vegetales, granos y frutas para alcanzar un consumo de 30-45g de fibra al día. Por otro lado, cuando se habla de proteínas, la recomendación dada es de limitar el consumo de carne roja a 350-500g por semana y se fomenta más el consumo de carne blancas.  Otra recomendación general es el disminuir el consumo de sal a no más de 2.5g/día, asociándose a un mejor control de la presión arterial (5). 

Cuando incluimos lácteos a la dieta de pacientes con riesgo cardiovascular, se deben priorizar aquellos con mayor contenido de proteína y menor contenido graso. En caso de presentar alergia o intolerancia a la lactosa, se puede considerar el uso de leche deslactosada y descremada o bebidas vegetales que sean bajas en grasa. Algunos estudios observacionales han demostrado que los lácteos fermentados (yogurt, kéfir, queso cottage, etc.) pueden tener efectos protectores en el sistema cardiovascular, como la reducción de presión arterial o mejora del perfil lipídico (12). 

Es importante tomar en cuenta que durante la valoración inicial se podrán dar estas recomendaciones generales, pero idealmente la enfermedad cardiovascular debe ser atendida de forma multidisciplinaria y, por ende, la valoración por un profesional en nutrición deberá recomendarse también.  

Como parte de los cambios en estilo de vida, se debe desaconsejar el uso de tabaco o nicotina en cualquier presentación. Es bien conocido que el tabaco se ha asociado a mayor muerte cardiovascular y la suspensión de este disminuye el riesgo de infartos al miocardio y muerte cardiovascular (11). Se debe promover en cada cita la deshabituación del fumado y hacer uso de clínicas de cesación de fumado en personas seleccionadas (5). Por otro lado, también debe desaconsejarse el consumo nocivo del alcohol y limitar su consumo a menos de 100g por semana (5,9). De forma práctica se puede aconsejar no más de un trago por día para las mujeres y no más de dos tragos para los hombres.  

  • Tratamiento farmacológico. 

Parte importante de la prevención primaria de la ECV, es procurar un adecuado control de las enfermedades crónicas (hipertensión arterial, diabetes, dislipidemia, etc.) e iniciar tratamiento farmacológico cuando sea necesario. El tratamiento farmacológico específico para cada enfermedad y las indicaciones de inicio escapan a los objetivos de este artículo.  

  • Conclusiones. 

Pese a la disminución de la enfermedad cardiovascular en los últimos años, esta continúa siendo un gran problema a nivel mundial, responsable de una cantidad importante de muertes anuales. Pero con la continua búsqueda de estrategias de detección temprana, la insistencia en educación continua a la población general y los abordajes integrales y multidisciplinarios se podrán disminuir los riesgos cardiovasculares y con ello, la prevalencia de la enfermedad cardiovascular y sus complicaciones.  

Bibliografía: 

  1. World Heart Report 2023: Confronting the World’s Number One Killer. Geneva, Switzerland. World Heart Federation. 2023. 
  2. World Health Organization. (n.d.). Cardiovascular diseases (CVDs). https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/cardiovascular-diseases-(cvds). 
  3. Ministerio de Salud, Costa Rica. (2023, 29 de septiembre). Fallecimientos por infarto agudo de miocardio aumentaron en un 11 % durante el año 2022. Recuperado de https://www.ministeriodesalud.go.cr/index.php/prensa/60noticias2023/1682fallecimientosporinfartoagudodemiocardioaumentaronenun11duranteelano2022. 
  4.  Krogsboll LT, Jorgensen KJ, Gotzsche PC. General health checks in adults for reducing morbidity and mortality from disease. Cochrane Database Syst Rev. 2019. 
  5. J. Visseren, et al. Guía ESC 2021 sobre la prevención de la enfermedad cardiovascular en la práctica clínica. Rev Esp Cardiol. 2022. 
  6. SCORE2 working group ESC, Cardiovascular risk collaboration. SCORE2 risk prediction algorithms: new models to estimate 10 risk of cardiovascular disease in Europe. Eur Heart J. 2021. 
  7. Christiaan Vrints, Felicita Andreotti, Konstantinos C Koskinas, et al. The 2024 ESC Guidelines for the management of chronic coronary syndromes.Eur Heart J. 2024. 
  8. American Heart Association. (2024). Recommendations for physical activity in adults. Recuperado de https://www.heart.org/en/healthy-living/fitness/fitness-basics/aha-recs-for-physical-activity-in-adults 
  9. Amett, et al. 2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease. Circulation. 2019. 
  10.  Mensink RP. Effects of saturated fatty acids on serum lipids and lipoproteins: a systematic review and regression analysis. 2020.  
  11.  Anthonisen NR, Skeans MA, Wise RA, Manfreda J, Kanner RE, Connett JE. Lung Health Study Research Group The effects of a smoking cessation intervention on 14.5-year mortality: a randomized clinical trial. Ann Intern Med. 2005.  
  12. Anthea Van Parys, et al. The association between dairy intake and risk of cardiovascular disease and mortality in patients with stable angina pectoris, European Journal of Preventive Cardiology, Volume 30, Issue 3, February 2023,